¿Qué hago yo aquí?

Qué hago yo aquí

Qué hago yo aquí

¿Qué hago yo aquí?

He vagado por la ciudad. Lo sé, aunque no me acuerdo. Los pies me arden, tengo la boca pastosa, casi como cemento fraguándose en mi paladar. Me cuesta enfocar la mirada. Todo es rojo, amarillo, chillón, de juguete. Luces fuertes que me ciegan. Todo es tan ruidoso detrás de mis ojos…

Esta luz blanca se parece tanto a la de antes de aparecer aquí…

Trato de fijar la mirada, que las cosas se hagan sólidas a la vista. No sé qué hago aquí, a dónde iba, si es que caminaba con rumbo. No aparece ningún rostro en mi mente cuando intento recordar si quedé con alguien. Sólo sé que he caminado mucho tiempo, mis piernas me lo gritan a cada momento.

Tengo hambre y sed. Estoy cansado, y me temo que también perdido. La gente camina ignorándome, sin saber qué me pasa, ni siquiera se fijan si estoy desorientado, si necesito ayuda. Quizás alguno me toma por loco, a veces siento que alguien se aparta de mí, aunque su rumbo no le lleve a chocar conmigo. Nadie quiere ayudarme, o no puede, y yo no sé cómo pedir ayuda.

Miro el oso amarillo. Parece simpático, la primera cosa o persona simpática en horas. O en minutos. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? No parece molestarle que le mire fijamente. No puede ayudarme, decirme algo que me sirva… pero tampoco me molesta, ni me rehuye. De hecho, parece invitarme a entrar. Un refresco, unas chucherías, me vendrían muy bien.

Tengo hambre y sed. Eso ya lo he dicho antes, pero parece que necesito repetir las cosas, para fijarlas a mi mente. No sé cómo he llegado aquí. No parece el sitio al que tenía que ir, si es que había un destino fijado para mi travesía. Desde luego, no es mal sitio en el que pararse.

Quizás alguien entre esas paredes rojas me pueda ayudar. Alimentarme, algo de azúcar en mis venas que me dé energías, un refresco que me despierte. No hay donde sentarse y calmar mis pies. Lo más parecido a un refugio son esas cajas a mi derecha. Parecen útiles, podrían servirme, sé que puedo usarlas, pero ahora mismo no sé para qué…

Si el oso pudiera responderme…

Tengo hambre y sed. Sé que lo he dicho antes, pero necesito fijar hechos. Debería entrar, comprar algo, oír la voz de otra persona. Porque supongo que habrá alguien ahí dentro, entre esas paredes rojas y esos colores chillones hechos golosina. El oso me invita a entrar, a coger algo de sus entrañas, a saciar mi sed.

Miro los grafitis, buscando algún mensaje, algo oculto. Nada. Sólo hambre y sed. Cajas. Un oso que me invita a entrar. Paredes rojas. Yo sigo perdido, pero al menos algunas cosas parecen seguir fijas, puntos cardinales en mi mapa mental.

Debería hacer caso al oso. Parece simpático, no me juzga ni me toma por loco. Comer y beber algo dulce y chillón, llevarme las cajas, y luego… no sé… quizás seguir. Puede que alguien ahí dentro tenga respuestas para mí.

Voy a entrar…

Tengo hambre y sed. Sé que lo he dicho antes, pero no sé cuándo.

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