Con el viento a favor

Con el viento a favor

Con el viento a favor

Tu reflejo parece romperse y rehacerse una y otra vez, tropezando con algas y piedras, con charcos de agua salada. Tus alas parecen una mariposa que aleteara incesantemente, con prisa, de un sitio para otro, su vuelo errático. Le pasa como al viento que la empuja, que nunca sabe cuál es su sitio, siempre buscando en otro lugar, deseando expandirse y deshacerse. Tratas de controlar el rumbo que sigues con la fuerza de tus brazos, pero cada milímetro de ti debe estar en tensión, procurando no perderte y acabar en manos de algo tan caprichoso como este aire en movimiento que nos empuja a todos, tratando de tener siempre el viento a tu favor.

Surcas la tierra con el reflejo de tus alas, remontando por encima de las aguas, sintiendo la velocidad y la urgencia que te empujan, y tu tabla corta el agua. El viento embravecido te sacude en la cara como herido por algún comentario tuyo, y tú levitas, te escapas de la gravedad para intentar acercarte un poco cada vez más al cielo.

Es como si nadie tuviera los pies en la tierra, y todos sobrevoláramos contigo el mar que se tiende sobre la tierra como la mujer sobre el pecho del hombre, sus pelos encrespados haciendo redecillas sobre la piel y la barba. Si todos fuéramos hacia arriba de forma interminable… siempre hacia el cielo y más allá, y como suelo el aire que acaricia la suela de nuestros pies, una superficie que cuanto más se mira más se rompe y desaparece. No puedes sino fijar tus ojos hacia lo que tienes delante, donde quiera que eso sea, mientras sientes que el proyectil en que te has convertido se desplaza entre rebotes y sacudidas. Tratas de controlar esta especie de mantarraya, que sobrevuela nuestras cabezas, mientras tus pies casi parecen levitar sobre una tabla que hace las veces de alfombra mágica.

Veo el rumbo parejo y errático que seguís los dos, haciendo eses y cabriolas sobre la arena y el mar, escribiendo sobre ellos con tinta invisible palabras de un lenguaje improvisado sobre la marcha, un texto imposible y absurdo que seguramente no hable de nada importante, de nada en realidad. No es necesario hablar de la libertad que casi se bebe con los labios, cuando puedes disfrutar de ella sin concesiones; sólo el riesgo de perderte, de estamparte contra el agua que engaña y de repente se muestra dura como roca de mar, un muro transparente que te rompe por dentro como piedras que se cuelan entre tus costillas y tus órganos.

La marea sube, y el día muere, y yo estoy aquí fotografiando el lenguaje invisible que como un médium transcribes sobre estas páginas paralelas; no tienes apenas control sobre lo que pasa, sólo puedes dejarte guiar por este viento loco y caprichoso, este djinn invisible que nunca se cansa de gastar bromas, tirando de tu cometa como un niño que arrastra por el suelo su muñeco mientras corre. Se perderán tus alas entre las rocas, reaparecerán más allá de mi vista, para volver a reflejarse al lado de mis pies, entre algas y nubes reflejadas como algodón húmedo.

Termina tu viaje, tus pies vuelven a tocar tierra, tu cuerpo a ser tomado por la gravedad. El mismo viento que nos envuelve a los dos, que has tenido a tu favor a veces, se torna más invisible, más discreto, mientras te dejas llevar por la euforia de haber sido algo ligero, inalcanzable para el resto de nosotros, sólo un cometa que quería despegar.

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