Bajo una buena sombra.

Bajo una buena sombra

Bajo una buena sombra

Es como en cualquier pueblo. Los niños juegan con la pelota en la plaza, la gente pasea para hacer la compra, señores sentados viendo pasar el gentío, a la sombra y con el periódico. El dueño del bar empieza a desperezar su local cara al mediodía, dispuesto a recibir a toda esa gente que buscará refugio y refrescarse de esta canícula. Ellos ya han tomado sitio, y sin necesidad de dar propina.

Bajo la sombra se está mejor. No hace falta el sombrero para refugiar la cabeza. Se puede leer absorto el periódico, con el traqueteo de la ciudad de fondo. Enterarse de algo que ponga de mal humor, actualizar la cuenta de injusticias sin resolver. Quién es el enemigo que perturba nuestra paz, cuál es el dato oficial del cual hacerse eco sin pensar.

También se puede revisar lo comprado en el mercado, ver que no falta de nada que se pueda comprar con muy poco. O contemplar a los paseantes. Puede uno simplemente sentarse, sin más que hacer. Incluso en esta urbe, se puede estar tranquilo a veces.

Puedes dejar que las horas pasen, mientras el sol, poco a poco, va quemando cada centímetro de suelo. Hablar con la persona que está a tu lado, saber cómo está. Qué tal la familia, qué tal tu hijo, qué bien que trabaja. Qué mal, qué caro todo, no hay trabajo, esto no se aguanta. Diferentes situaciones, parecidas para todos.

A pesar de todo, qué bien se está bajo la sombra. No hay que tener prisa cuando se está bajo un árbol, un pequeño oasis entre estas calles que queman la suela de los zapatos, con su pulso tan vivo y caliente.

La verdad, así da gusto pasar la mañana. Como un testigo mudo de este ruido urbano. Con un periódico, un sombrero, y sin prisas, que no hay muchos sitios con buena sombra.

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